Erdogan o Fatih II, el que reconquistó Santa Sofía
de NAT da Polis

El 24 de julio se celebrará la oración islámica en la basílica cristiana. El perfecto cumplimiento de la política neo-otomana del presidente y de toda la historia turca moderna. Santa Sofía quizás sea la última carta para ocultar la profunda crisis económica que aqueja al país: enormes desembolsos en presupuesto militar, una inflación galopante y un gasto publico que no cesa de escalar. 


Estambul (AsiaNews) - En un mensaje dirigido al pueblo turco, anoche el presidente turco Recep Tayyip Erdogan anunció que el 24 de julio se celebrará la oración islámica en Santa Sofía, inaugurando la conversión de la basílica constantiniana en mezquita. El mensaje sobrevino a pocas horas de darse a conocer la resolución de la Corte Suprema turca, con la cual quedó anulado el decreto de 1934 por el cual Kemal Ataturk, padre de la Turquía republicana y laica, había convertido Santa Sofía en un museo. El mismo Erdogan precisó que Santa Sofía - en turco, Aya Sofia, según la transliteración del griego - conservará su nombre histórico y que podrá ser visitada por todos los cristianos, que de aquí en más ya no tendrán que pagar un boleto para ingresar. 

Con la restitución de la “perla de Estambul”, como la definió el presidente turco, se reconfirma el dominio turco sobre el monumento, visto como objeto de conquista, el cual continuará abrazando al mundo con una nueva apariencia, de una manera más sincera y auténtica. 

En la tradición turca, el concepto de conquista cuenta más que la noción de la lucha por la libertad. Y el concepto de conquista expresa la concepción neo-otomana de la Turquía de Erdogan. 

La transformación del museo de Santa Sofía en mezquita, pre-anunciada por los periódicos oficialistas, fue prácticamente impuesta por la voluntad política, como es habitual en la historia del Estado turco, tanto kemalista como islámico.  

Tal acto viene a satisfacer los deseos del movimiento político islámico turco y de la derecha nacionalista, ambos originados en Anatolia, y que en la Turquía moderna han hallado una expresión política en Necmettin Erbakan, una importante figura política, con varios mandatos en su haber, como vicepresidente del Consejo de Ministros y como Primer Ministro en 1996; como jefe de Partido del Bienestar (Refah Partisi), disuelto por la Corte Constitucional en 1998, cuyos miembros luego confluyeron en el partido fundado por Erdogan, hijo espiritual de Erbakan.

Sin embargo, los difuntos presidentes turcos Turgut Ozal y Suleiman Demirel, y el acérrimo enemigo de Erdogan, Feitullah Gulen, acariciaban la idea de una Santa Sofía devenida lugar de oración, cuando no verdadera mezquita. 

Este acto de Erdogan no se ha topado con una oposición dentro de Turquía y seguramente tampoco halle resistencia en el exterior - Trump, Putin y Merkel - porque es bien consciente – siendo de tradición otomana - del rol y de la importancia económica y geopolítica de Turquía, motivo por el cual todo le está permitido. 

Como es bien sabido, la política neo-otomana de Erdogan ha sido concebida por el ex correligionario Davutoglu, su consejero, ministro de Relaciones Exteriores y Primer ministro, que posteriormente fue removido de funciones porque no se adaptada al clásico “L’Etat c’est moi” (El Estado soy yo).

Esto ha decepcionado a todos los turcos que a principios del 2000, habían depositado sus esperanzas en una Turquía democrática, luego de décadas de regímenes autoritarios. 

En los ambientes diplomáticos se murmura que este último acto del presidente turco, que parece haber agitado el factor religioso como instrumento político, en realidad procura enmascarar la profunda crisis en la que se precipita Turquía. El interrogante es qué irá a sacar ahora de su sombrero, ya que los sondeos no parecen serle muy favorables: en el país, la crisis económica comienza a sentirse, y en parte se debe a los enormes gastos militares, necesarios para ejercer su política neo-otomana, con una inflación galopante y un gasto público incontrolable.

El hecho es que el 24 de julio se celebrará la oración islámica en Santa Sofía, bajo la mirada del maravilloso mosaico de la Virgen Platytera (foto 2), la Virgen que abraza al mundo con el niño Jesús de rodillas, ambos venerados por el Corán. Esperamos que ello conduzca a reflexiones más serenas. 

Aún cuando no fuera así, como decía el patriarca ecuménico Bartolomé, con las cruzadas no se resuelven los problemas. Y las conquistas neo-otomanas tampoco son resolutivas. 

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