Vicario de Alepo: La lucha al Isis, pretexto usado por Turquía y EEUU para frenar a Damasco

Para Mons. Georges la amenaza yihadista está todavía presente, pero la única fuerza con derecho para combatir es el ejército sirio. El yihadismo es una ideología que va combatida “en su raíz”.  Kamikaze Isis en Mandij mata a 21 personas; continúa el éxodo de los prófugos en el este del país. La zona de amortiguación deseada por Erdogan arriesga provocar una nueva escalada.

 


Alepo (AsiaNews) -El atentado de ayer en Manbij y los miles de prófugos en fuga del sector oriental demuestran que, a despecho de las proclamas de Trump, el Estado islámico (EI, ex Isis) en Siria “no fue todavía derrotado”. Es cuanto afirma a AsiaNews el vicario de Alepo de los Latinos. Mons. Georges Abou Khazen,según el cual “la presencia del grupo yihadista” da “pretexto” para continuar “manteniendo una influencia sobre el país”. “Los milicianos y sus jefes-continúa el prelado- se desplazan por el territorio y cuantos afirman que lo combaten (EEUU y Turquía) en realidad impiden al gobierno sirio, el único con derecho a hacerlo, de erradicar la amenaza”.

“En Idlib y en la región de la Mesopotamia - explica el vicario de Alepo - donde están los americanos y los kurdos, se registra un aumento de estos grupos terroristas que atacan. El Estado islámico no es sólo un grupo combatiente, sino que es una ideología que debe ser combatida y extirpada de raíz, porque constituye y será siempre una amenaza real para un futuro de paz en el país”. En este contexto, agrega, “la situación para los civiles se complica” porque a las violencias de la guerra ahora se agrega el peligro de atentados como sucedió en estos días.

Más de 2 mil personas, entre las cuales diversos combatientes del Estado islámico han abandonado en las últimas 24 horas el último bastión yihadista en Siria, en la zona oriental y desértica. La coalición árabe-kurda, apoyada por los EEUU, se dice pronta a iniciar el ataque final en la zona al este del Éufrates. Según fuentes de la ONU en los últimos 6 meses, al menos 25 mil personas escaparon y en la última semana las operaciones de evacuación aumentaron en modo vertiginoso. Bajo el control del “Califato” está todavía el pueblo de Sousa, objetivo del ataque final de los kurdos.

Mientras tanto se intensifican los ataques aéreos de la aviación estadounidense, en respuesta al atentado de ayer en Manbij, en el noroeste del país, reivindicado por el Estado islámico y en el cual murieron al menos 4 soldados estadounidenses (21 las víctimas en total). Teatro de la explosión realizado por un kamikaze el restaurante “Los príncipes” (al Umará) en el centro de la ciudad, que surge entre Alepo y el Éufrates. Analistas y expertos consideran que el ataque sea una respuesta a las palabras del presidente Donald Trump, que ordenó el retiro de las tropas americanas porque “el Isis ya está derrotado”.  

Manbij, donde está emplazado un pequeño contingente de EEUU, fue arrebatada al Isis por los kurdos del YPG (las fuerzas de movilización popular), en el verano de 2016, después de haber sido gobernada por más de 2 años por los yihadistas. El espectador interesado es Turquía, que pide el retiro de los kurdos hacia el este del Éufrates para asumir el control de la ciudad y del área circunstante, mientras que el ministro ruso de Exteriores, Sergei Lavrov recordó que todo el norte de Siria debe volver bajo el control de Damasco.

“Erdogan - cuenta Mons. Georges - quiere crear una zona de amortiguación (un área de 32 Km en el norte de Siria) desde la cual controlar el territorio y lanzar el ataque contra los kurdos. Esto complica la situación”. La lucha por el poder encierra intereses políticos y económicos: “El presidente turco quiere atacar a los kurdos- explica el prelado- y tener dominio sobre un territorio ,rico en petróleo y recursos naturales, de gran importancia estratégica”.

Además, esta “zona de amortiguación” terminaría por involucrar también a la región de Alepo y esto abre “perspectivas dramáticas”. “En el horizonte, nara el vicario- se perfilan nuevos intentos de injerencia cuando el único autorizado para custodiar y vigilar el territorio y combatir a los yihadistas es el gobierno sirio”. estos juegos de poder “terminan complicando la situación”, concluye el prelado, “y la gente que hasta hace poco entreveía alguna perspectiva de paz y estabilidad parece haber perdido la esperanza. El temor es que pueda nacer una nueva escalada negativa de violencias, bloqueando así el lento retorno a la normalidad y las iniciativas de desarrollo y reconstrucción”.