Konstantin Sigov: La Iglesia en Kiev, caridad local y cristianismo mundial
de Caterina Zakharova

El gran estudioso ucraniano defiende la elección del metropolitano Epifanio y la autocefalia como una salida “del Egipto post-soviético” y de la “esclavitud ideológica” bajo Moscú. Enfrentar los problemas de la población, en una situación de guerra que dura desde hace cinco años, servirá para unirse con sacerdotes y obispos del Patriarcado de Moscú. Las congratulaciones de Shevchuk y la ira de Kirill.

 


Kiev (AsiaNews)- La nueva Iglesia autocéfala de Kiev debe madurar en una caridad “esencial” y “fundamental” hacia las personas que sufren por la guerra ruso-ucraniana que dura desde hace 5 años; y respirar el aire del “cristianismo mundial” para “resolver las graves problemáticas sociales” que le están delante. Konstantin Sigov explica así su aprecio por el paso realizado por la Iglesia ortodoxa ucraniana, con la elección del
metropolitano Epifanio el pasado 15 de diciembre.
En el nacimiento de la nueva Iglesia independiente del Patriarcado de Moscú, él ve una salida “del Egipto post-soviético, de la zona de la esclavitud ideológica”. La caridad efectiva y no a palabras, servirá para superar el etnocentrismo y construir la unidad del mundo ortodoxo y cristiano. Por ahora parecen dominar las divisiones. Ayer el arzobispo mayor de los ucranianos griego-católicos Sviatoslav Shevchuk envió un mensaje de congratulaciones, oraciones y apoyo por la misión de Epifanio. Mientras tanto el Patriarcado de Moscú difundió a todas las Iglesias ortodoxas locales en el cual define como “ilegal” el concilio de Kiev y habla de “legalización del cisma” por obra del patriarcado de Constantinopla.  

Sigov, de 56 años, está entre los intelectuales de punta de Ucrania y es una personalidad ecuménica de excepción. Filósofo, profesor universitario, director del centro para las investigaciones europeas humanísticas en la Universidad Nacional Academia de Kiev Mohyla.

Profesor, ¿qué sucedió el 15 de diciembre para la iglesia en Ucrania?

El concilio de la Iglesia Ortodoxa local realizado en Kiev es una etapa importante para la salida de la inercia, de la influencia histórica del imperio soviético, para decirla con el léxico bíblico: “del Egipto post-soviético”, de la zona de la esclavitud ideológica.

La votación secreta del concilio fue la prueba de fuego. La vieja guardia del episcopado trató de hacer pasar la votación evidente por alzada de mano, bajo la mirada de la autoridad y con el chantaje de las medidas que habrían podido sufrir quien hubiese votado en modo “equivocado”. Si se logró superar esta tentación, esta libertad real y la superación del miedo son un precedente importante para la futura vita de la Iglesia.  

El Metropolitano Epifanio en calidad de nuevo jefe de la Iglesia irá el 6 de enero a Constantinopla, donde el Patriarca Bartolomé, le entregará el Tomos (el Acto oficial) de la autocefalia para la Iglesia ortodoxa ucraniana. La semana pasada, el 16 de diciembre, el patriarca de Constantinopla Bartolomé agregó al elenco de los 14 primados de las iglesias ortodoxas locales otro nombre, comenzó a rezar por el jefe de la Iglesia ortodoxa ucraniana. La familia de las Iglesias ortodoxas ahora está compuesta por 15 hermanas.

Este paso, ¿no arriesga de aumentar la división?

Se sabe bien que en cuanto a las relaciones entre las Iglesias ortodoxas sea toda otra cosa menos que idilíacas. Pero es importante subrayar que la naturaleza de las divergencias entre estas Iglesias no tiene nada que ver con la soberanía de los Estados. Desde un punto de vista teológico, todas las Iglesias ortodoxas componen el indivisible Cuerpo de Cristo. Su unidad es más profunda de cualquier diferencia étnica, política y lingüística. El descarte entre la verdad dogmática y las vicisitudes históricas continúa siendo un desafío para la conciencia de cada cristiano, un pedido para la superación de las divisiones.

El cambio sucedido tiene un carácter profundo e irreversible en fuerza de tantos factores históricos. Millones de personas han esperado este evento por decenas de años, algunos con miedo, otros con esperanza. Y no obstante todo, el concilio recibió con sorpresa has con sorpresa a muchos expertos en el mundo. Hasta el último momento las dudas no han abandonado a los políticos de la Iglesia. El Rubicón se lo pasó. Ahora esta tarea se convirtió en un factor que influirá sobre la vida de millones de personas.

¿Cuáles perspectivas se abren para la nueva Iglesia ucraniana?

Ahora le espera un gran trabajo a cada individual comunidad para separar lo que es fundamental de aquello que es secundario; para actualizar las palabras del Evangelio y renovar la vida a su luz.

La confusión babilónica de las lenguas en nuestras Iglesias alimentará la pregunta sobre la unidad y sobre la crisis de las formas de nuestra comunión.

El problema no está sólo en la compromisión de la retórica teológica corriente. Tantas declaraciones sobre la unidad han revelado de estar vacía por dentro. Un vacío que no se puede colmar con otros discursos. El abismo entre los hermosos discursos y las acciones indignas es hasta demasiado evidente.

La megalomanía de la geopolítica perdió cualquier conexión con la expresión humana del “yo-tú”.

No quiero hablar de la propaganda neo-imperialista que se asentó en el léxico religioso. No quiero analizar la falsa grandeza de los esquemas opositores “nosotros- ellos”. Sabemos bien cuánto se difícil referir a nuestras sociedades las palabras de S. Pablo que “no hay más griego, ni judío”, continuando luego la lista con el “ni ruso, no occidental, no post-soviético, no autóctono, ni migrante” etc...

El vaciamiento del viejo lenguaje nos lleva a las cosas más esenciales; hoy se vuelven actuales para nosotros las palabras evangélicas: “Tuve hambre y no han dado de comer, tuve sed y no me dieron de beber, era extranjero y no me recibieron.. Enfermo y en la cárcel y no me visitaron (Mt 25, 42-43).

Para concluir querría citar las palabras de un sacerdote del patriarcado de Moscú (iglesia ucraniana),  Bogdan Ogulčanskij: “Gracias a su nuevo status, la Iglesia puede aprender a concebirse como parte integrante de la ortodoxia mundial, del cristianismo mundial. Para la jerarquía episcopal, para los sacerdotes, para los teólogos se abre la posibilidad de concebir la vida de la Iglesia no según la dimensión local, no separadamente sino en colaboración, en contacto con la rica experiencia del cristianismo europeo y del mundo. Esto daría a la ortodoxia ucraniana la posibilidad de realizar los valores cristianos en la compleja y multiforme sociedad ucraniana, usando el diálogo, la colaboración para resolver las graves problemáticas sociales practicando la misericordia cristiana”.

El jefe de la Conferencia de los obispos ucranianos, Bronisław Biernacki envió un mensaje al Metropolitano Epifanio. Las palabras de esta carta simbólica están dirigidas no sólo al Metropolitano, sino a todos nosotros: “Que esta tarea de gran responsabilidad que Le fue confiado venga constantemente iluminado por la acción y por la potencia del Espíritu Santo.. y su obrar en la viña del Señor traiga nuevos frutos de fe, esperanza y caridad y vida en el temor de Dios para los cristianos ucranianos”. La comunión y el ligamen entre lo que es nuestro y los que es universal son el leitmotiv para los cristianos de nuestro país y para los hombres de buena voluntad.

 

Ukraine-Epiphanyj.jpg