Papa Francisco: el minimalismo y la súplica por la paz
de Bernardo Cervellera

En su Mensaje por el Día Mundial por la Paz, el pontífice pide una conversión del corazón para que la política vuelva a ser preocupación por el bien común. Las “bienaventuranzas del político” son desatendidas en todas partes del mundo. En todos lados es evidente la profunda división que rige entre las clases políticas y los pueblos. Ser “artesanos de la paz”. 


Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – El Mensaje de Papa Francisco para el Día mundial por la paz del 1º de enero de 2019, titulado “La buena política está al servicio de la paz”, parece marcado por el minimalismo. No sólo por lo breve de su extensión, sino también por las pocas y simples ideas que  allí se expresan: la política como “forma eminente de caridad”; las “virtudes humanas” que aplicar: “la justicia, la equidad, el respeto recíproco, la sinceridad, la honestidad, la fidelidad”; los “vicios de la política”; la participación –y no la exclusión- de los jóvenes en la política; la paz nosotros mismos, con el otro y con la creación.

El minimalismo se explica con una simple constatación: la “buena política” está casi ausente en el panorama mundial y el Papa suplica que los políticos vuelvan a la raíz, “a la fuente y a los puntos de referencia” que los inspiran.

Para dar una idea de la brecha entre la “buena política” y la política actual, basta con releer lo que el Card. Francisco Javier Van Thuan, que estuvo 13 años preso en las cárceles vietnamitas, dice del “buen político”. El pontífice lo cita ampliamente:

“Bienaventurado el político que tiene una alta consideración y una profunda conciencia de su papel. Bienaventurado el político cuya persona refleja credibilidad. Bienaventurado el político que trabaja por el bien común y no por su propio interés. Bienaventurado el político que permanece fielmente coherente. Bienaventurado el político que realiza la unidad. Bienaventurado el político que está comprometido en llevar a cabo un cambio radical. Bienaventurado el político que sabe escuchar. Bienaventurado el político que no tiene miedo”. (n. 3)

Partiendo de Estados Unidos, pasando por Canadá, América Latina, Europa y llegando a China, a la India y a todo Oriente Medio, se puede decir que no hay ninguna de estas “bienaventuranzas” y que gran parte de la población se siente excluida, desatendida, abrumada. Y el lugar de orientarse al “cambio radical”, el poder político trabaja por la “estabilidad” (como ha reafirmado esta mañana, en Beijing, Xi Jinping), dominado por el “miedo” de tener que dejar el sillón del poder a otros. Las manifestaciones que se están sucediendo en Francia con los “chalecos amarillos”, en el Líbano con los “pañuelos rojos”, en Hungría y en tantísimos otros Estados hablan de una profunda división entre la clase política y la población.

El minimalismo del Papa es, por tanto, una súplica de que la política vuelva a ser preocupación por el bien común. Pero para esto se precisa una conversión del corazón. Francisco sugiere algunos puntos urgentes en los cuales intervenir: la “proliferación sin control de las armas”; el “terror ejercido sobre las personas más vulnerables”; las acusaciones contra los migrantes alegando que quitan el trabajo y la esperanza a los pobres; los niños “soldado o rehenes de grupos armados”. En definitiva, para construir la paz “que se funda sobre la responsabilidad recíproca y sobre la interdependencia de los seres humanos” se requieren  ‘artesanos de la paz’ que puedan ser mensajeros y testigos auténticos de Dios Padre, que quiere el bien y la felicidad de la familia humana” (n. 5). 

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