Patriarca Sako: El futuro de los cristianos iraquíes está en Irak
de Fady Noun

El patriarca Sako será creado cardenal el 29 de junio. El pedido a los cristianos iraquíes escapados al Isis y a los fieles que se quedaron. “Jamás hubiese imaginado que eventos tan terribles pudiesen tocar a nuestro pueblo”. Los cristianos deben “ayudar al islam a abrirse, a desarrollar un nueva lectura de los textos sagrados que los coloque en su contexto histórico y cultural”.


Bagdad (AsiaNews)- Es la flor más bella del clero de las Iglesias orientales, la “paloma” de Mosul, aquel que el Papa Francisco elevará en vía oficial al rango de cardenal el 29 d junio, junto a otros 14 obispos. Para el patriarca Sako, jefe de la Iglesia caldea de Irak (70 años), el título será honorífico; pero este cargo, que él comparte con el patriarca maronita Béchara Raï, lo asocia al colegio elector que podría elegir al próximo Papa.

Conocer bien al patriarca Sako, significa medir la modestia de un hombre de la voz suave y de modales afables, que es contrario a las de las tradiciones y comodidades del clero de su tiempo y por eso quiso hacerse ordenar un 1 de mayo, fiesta de los trabajadores, para afirmar una vez por todas que, como sacerdote, es el hermano de los obreros y un trabajador él mismo.

Elegido como patriarca en el año 2013, Sako es también el jefe de la Iglesia oriental, que más de todas las otras sufrió los ataques de Isis (Estado islámico). Este es el hombre que más ha sufrido de todos, viendo a su grey dispersa; el hombre que lloró viendo a su Irak, la alegría de sus ojos, separado en tres: un Irak kurdo, el segundo chií y un tercero sunita. “Jamás habría imaginado que los eventos tan terribles pudiesen tocar tan profundamente a nuestro pueblo”, confió un día al periódico La Croix, comparando la catástrofe que se abatió contra la Iglesia y el pueblo iraquí, el 6 de agosto de 2014, cuando 100 mil personas escaparon de noche hacia Kurdistán, a lo que han experimentado los “primeros apóstoles” en tiempos de los romanos.

Queda lo amargo, sin ilusiones, por el cinismo de un occidente que él juzga cómplice, porque está ofuscado por los propios intereses económicos hasta el punto de aceptar sin hacer nada cuando un pueblo entero sea expulsado de su propia tierra.

Cierto, hoy el Estado islámico desapareció del territorio y la ciudad símbolo de Mosul se rindió, a caro precio, a su población, pero el patriarca Sako continúa temblando, porque la disgregación de su país no ha terminado completamente y por qué sus fieles, ¡podría bien alzar la voz!- rechazan aún volver a Irak, juzgando, a menudo justamente, que el virus del fanatismo continúe minándolo, si bien los anticuerpos bélicos parecen haber tenido razón.

“Más peso”

¿Cómo ve el patriarca Sako su nueva misión como cardenal? “Me dará más peso y posibilidad de llevar los problemas de justicia social, de igualdad y de ciudadanía”, declaró a la agencia del Vaticano, después de haber recibido la noticia. Para él, todo está en este “peso” que el título cardenalicio comporta y que él espera poder jugar en el Vaticano. Él espera también que después de años de separación esta nueva función ayude a acelerar la reunificación de Irak y el retorno de los fieles de su Iglesia. Pero si él cree en el diálogo, no es ciertamente en el de los “salones”, sino un verdadero diálogo que aliente a los cristianos en Irak a permanecer en el país o a volver. De otro modo “debajo de un cierto número, la presencia de ellos no tendrá ningún efecto”.

Coeficiente de apertura

En presencia de los cristianos de Irak el patriarca Sako, atribuye un importante coeficiente de apertura. Se trata de “ayudar al islam a abrirse, ayudarlo a desarrollar una nueva lectura de los textos sagrados, una lectura realística que los coloque en su contexto histórico y cultural”. Por esto cuenta con “el despertar por aquí y por allá” y alaba a los estudiosos como como Hani Fahs, del cual lamenta no haber seguido la escuela. Aprecia del mismo modo las contribuciones de Al.-Azhar para una actualización del islam, así como la persona y el pensamiento del Ayattolá Ali Sistani. “Nosotros debemos estar cerca d todos estos esfuerzos, para defenderlos, para frenar los prejuicios y la islamo-fobia”, advierte.

Los dos frentes

El día después de las elecciones legislativas de mayo de 2018, que han recompuesto el panorama de la política iraquí, la Iglesia caldea deberá luchar en dos frentes: nacional y eclesial. En el plano nacional, deberá estar atenta y lejana de la política. El patriarca Sako sostiene una reforma constitucional que privilegia la ciudadanía y refuerza la libertad de religión. Él es consciente de la diferencia entre la fe vivida y la identidad. Esta última podría conducir al fanatismo y al fundamentalismo. “La experiencia iraquí nos ha enseñado mucho-explica. Cierto, la Iglesia debe permanecer sensible a las principales cuestiones políticas, pero debe estar atento a no ser politizada. Miren al islam. Su politización fue su fin. La politización de una religión termina por desnaturalizarla. Creo en una Iglesia al servicio de los otros, como la del Papa Francisco, una Iglesia pobre, simple, una Iglesia de las periferias”.

Hostil a la imagen de los cristianos orientales como “grupo minoritario”, el patriarca Sako nos remanda a una carta bajo forma de informe publicado en 2015 en el cual había tomado una posición firme contra las milicias “asirias” activas en Irak y Siria. No se necesita “pensar que la solución dependa de la creación de facciones de ejércitos aislados que están combatiendo por nuestros derechos”, dice como advertencia.

Alentando a sacar d las “lecciones de la historia”, sostiene al contrario, la contratación de fuerzas regulares como el ejército iraquí oficial o los peshmerga kurdos. “Debemos darnos cuenta que nuestro destino está ligado al de todos los iraquíes y este es el único modo para asegurar nuestro futuro juntos”, escribe en este documento, invitando a los cristianos a “estar en el mismo barco donde está el resto del país para llegar sanos y salvos”.

“Nuestra ambición es construir (…) una sociedad civil democrática, en grado de gestionar la diversidad, respetar la ley, proteger los derechos y la dignidad de cada ciudadano, independientemente de su pertenencia étnica, religiosa o del peso de la propia comunidad en la población total”, concluye el texto.

El plan eclesial

En el plano eclesial, si bien estamos conscientes que la fascinación del occidente es irresistible para muchos, el jefe de la Iglesia caldea combate, para que la gran marea humana que escapó de Mosul, Qaraqosh y de la llanura de Nínive en una noche de terror indecible, vuelva a los territorios abandonados y no emigre.

Él trata también de convencer a algunos miembros de su clero que se escaparon por la inseguridad, en una especie de insubordinación demasiado humana (y muy poco cristiana), de volver a la patria para servir a los fieles. La “Preocupación para todas las Iglesias” que obsesionaba a S. Pablo está omnipresente en su vida. Deplora el hecho que su clero “no rece lo suficiente”, invoca una reforma litúrgica que coloque la fe a la portada de la mano de los fieles del S. XXI y teme el contacto con el relativismo y la “disolución” con su grey llegado a occidente. Constata que sus fieles están fascinados por el confort material y por los derechos civiles que encuentran allí, al punto de olvidarse del relativismo moral triunfante y de su efecto destructivo sobre aquella que es la perla de sus ojos: la familia y todavía más, el significado y los valores d la familia. “Perderlos quiere decir perder todo”, advierte.

Signos de los tiempos

El discurso del patriarca Sako invita al final a una lectura de los signos de los tiempos. “La voz del sacerdote-dice. Debe tener un aliento profético para que la liturgia esté cargada de alma y esperanza”.

“He aprendido mucho del Papa Francisco en términos de simplicidad y cercanía”, dice el patriarca Sako, “él no tiene ciertamente amigos en una iglesia que todavía sigue siendo muy moralista y clerical. Es a este precio que podemos permanecer en Irak y que nuestra presencia tendrá un sentido. También debemos ayudarnos unos a otros para permanecer. Tengo la íntima convicción en el Señor que, antes o después, la libertad religiosa se convertirá en ley. Mientras tanto, debemos tener paciencia, permanecer y obrar”, concluye.

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