Beirut pide ayuda de los países donadores para subsanar una economía de rodillas

El próximo 6 de abril, en la capital francesa se organizará una conferencia de los países donadores del Líbano. El conflicto sirio y la crisis de los emigrantes han impedido el desarrollo del país y han empobrecido a la población. El premier busca recuperar “entre seis y siete millardos” sumando  fondos y mecanismos de crédito. La corrupción y la evasión fiscal bloquean las reformas. Se requieren intervenciones a nivel estructural, y recortar gastos.


Beirut (AsiaNews/Agencias) – Para relanzar una economía que atraviesa una fuerte crisis –agudizada por la emergencia de los migrantes, desatada por el conflicto sirio, que ha empobrecido cada vez más a los ciudadanos- el 6 de abril, Beirut espera recaudar millardos de dólares en el marco del encuentro de países donadores, liderados por Francia. En la actualidad, el Líbano es la tercera nación más endeudaba del mundo; el crecimiento de la pequeña nación del Mediterráneo ha colapsado más de una vez a raíz de las numerosas crisis políticas y tensiones regionales en que ha quedado envuelta.  

La guerra en Siria, que estalló en marzo de 2011 y ya ha entrado en su octavo año, ha provocado que más de un millón de refugiados cruzaran la frontera, instalándose en el Líbano. Un número inmenso, que resulta difícil de manejar para el país de los Cedros, cuya población  antes de la guerra era de apenas cuatro millones de habitantes.

La conferencia de los países donadores en París llega en un período particular para el Líbano, que se encamina a celebrar las primeras elecciones generales –programadas en mayo- del último decenio. Desde el año 2009 que el Parlamento viene prolongando los términos de su mandato, infringiendo los dictámenes y praxis que marca la Constitución.  

A partir del encuentro en la capital francesa, la dirigencia de Beirut pretende recaudar estímulos, ayudas e inversiones que puedan contribuir al repunte de la economía. Nadim Munla, consejero del Primer Ministro Saad Hariri, confirma que el objetivo es recuperar “de seis a siete millardos de dólares” bajo la forma de fondos y mecanismo de crédito con facilidades.

Hoy, el déficit del balance asciende a 4,8 millardos de dólares; un valor que duplica el que se registraba en 2011, año en que se desencadenó el conflicto sirio. Según el economista Paul Doueihy, este “agujero” indica que “las probabilidades de que produzca una crisis del sistema” son “mayores que nunca”. Para evitar la quiebra, agrega el experto, el Estado debiera limitar el gasto “con máxima urgencia”. Sin embargo, en julio pasado, el Parlamento aprbó un aumentos de los salarios públicos, lo cual ha tenido un ulterior impacto en el presupuesto, sumando más de un millardos de dólares al año. Y en los últimos tres años, el Estado ha contratado a 26.000 nuevos trabajadores, lo cual ha contribuido a secar las arcas. Gastos y deuda que han alarmado al Fondo Monetario Internacional (FMI).  En las últimas semanas, los expertos han hecho una nueva advertencia a las autoridades libanesas, pidiéndoles afrontar el “crecimiento vertiginoso” de la deuda pública. En 2017, la relación entre la deuda y el PIB (Producto Interno Bruto) se detuvo en 150%, siendo el tercer valor más alto del mundo, después de Japón y Grecia.

Al problema de estado financiero del país se duma el de la devaluación progresiva de la moneda local. En el mes de noviembre pasado, el Banco central retiró 800 millones de sus reservas en moneda extranjera, para poder mantener fija la tasa de cambio, de aproximadamente 1500 libras esterlinas libaneses por dólar, vigente desde 1997. Sin embargo, los expertos sostienen que los factores que fundamentan la fragilidad de la moneda siguen inmutables. Siendo que el país importa muchos más bienes y servicios de los que exporta, la moneda sigue estando sobrevaluada de manera artificial. Y la tendencia parece encaminada a proseguir, con un déficit anual que “debiera permanecer por encima del 20%”. Esta situación, proyectada a mediano y a largo plazo, terminará afectando las inversiones y conducirá al vaciamiento de las arcas del país.

En octubre, el gobierno intervino en la economía, aumentando el IVA al 11%, con el objetivo de financiar el gasto público. Con este panorama de una economía débil y con un poder adquisitivo erosionado, es evidente que la decisión de aumentar los impuestos no aportará beneficios a futuro. Una respuesta a la situación podría venir de la lucha contra la evasión fiscal, que se estima en 4,2 millardos de dólares al año. Sin embargo, persisten enormes dificultades internas y externas, como son la corrupción endémica que bloquea cualquier reforma posible. Hay un dato relevante que lo demuestra: en el último reporte de Transparency International, el Líbano se ubica en el puesto 143, sobre un total de 180 naciones del mundo, cuando se mide el índice de corrupción percibida.

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